EL MARTILLERO
La cabeza colgando, y las manos destrozadas,
los pies sangrando. Una cruz, varios clavos
y una corona de espinas para mi hermano.
Yo, Señor, con estas manos martillé
y me mirabas, y me lo dejabas hacer.
Te ofendí en tu cara, cómo puede
ser Señor
que me digas que me amas y le pidas a tu Padre
que perdone lo que estoy haciendo en vez de odiarme.
Y tus ojos se cierran, pero en vez de condenarme
me miran en forma tierna y se hiela mi sangre
porque he matado a mi hermano que vino para salvarme.
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